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¿Qué hace a un buen vocero de gobierno… y a un buen vocero corporativo?

  • 24 abr
  • 2 Min. de lectura

Isabel Margarita Silva Cox - Socia Directora Canal Comunicaciones


En comunicación política hay una regla simple: el vocero no está para brillar, está para sostener, en comunicación corporativa no es tan distinto.


El vocero es el puente entre la decisión y la opinión pública. El que habla cuando hay que hablar, calla cuando hay que callar y —sobre todo— evita convertirse por sí mismo en la noticia.


En Chile hemos visto en política vocerías muy distintas en los últimos años. Compararlas no es un ejercicio político, sino técnico.


Camila Vallejo llegó al cargo con experiencia política acumulada: dirigenta estudiantil, diputada por dos períodos, formada en espacios donde el mensaje se construye en tensión.

Eso se traduce en algo clave: manejo de contexto, lectura de escenario y capacidad de sostener posiciones bajo presión.


Mara Sedini, en cambio, llega desde los medios. Formación periodística, experiencia en televisión y radio, manejo de cámara... Atributos valiosos —y cada vez más necesarios— en un entorno donde forma y fondo pesan por igual.


Pero hay un factor profundo que ayuda a entender por qué algunas vocerías funcionan mejor que otras.


Según ha reportado Ex-Ante —y como han señalado distintos análisis— el diseño comunicacional del actual gobierno es altamente centralizado: las ideas fuerza se definen en espacios como el Segundo Piso y la Secom, mientras la vocería cumple un rol principalmente ejecutivo.


Y ahí está el punto, cuando quien comunica no participa en la toma de decisiones, se genera una brecha difícil de compensar.


No siempre se nota en qué se dice. Se nota en cómo se sostiene: en el tono, en los matices, en la capacidad de responder cuando hay presión.


No es solo un problema de habilidades, es un problema de posición.


Cuando la vocería es parte del proceso de decisión, la comunicación gana en coherencia y autoridad, no porque el mensaje cambie, sino porque quien lo transmite estuvo ahí cuando se definió.


Desde el PR, esto deja tres aprendizajes claros:


* La experiencia política no es decorativa. Permite entender el poder desde dentro.

* La vocería necesita proximidad real con la toma de decisiones. La autoridad no se ensaya.

* El silencio también comunica. Y cuando no es estratégico, se percibe como fragilidad.


Dos perfiles distintos, contextos distintos, pero la misma lógica: la distancia entre quien decide y quien comunica no es neutra.


Y esto no es solo gobierno, en comunicación corporativa pasa lo mismo.


El vocero con todas las habilidades de presentación, muestra sus límites cuando no estuvo en la sala donde se tomó la decisión.


En crisis, eso se vuelve evidente, el problemas más grave es haber llegado tarde al proceso.


Las organizaciones que comunican bien —empresas o gobiernos— comparten una característica: quien comunica co-construye el mensaje, no lo recibe terminado.


Y eso cambia todo, porque la autoridad no está en el cargo. Está en el lugar desde donde se habla.

 
 

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