Cuando medir mal nos hace comunicar peor
- 4 ene
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Isabel Margarita Silva Cox - Socia Directora Canal Comunicaciones
Durante años, muchas organizaciones han medido el éxito de sus comunicaciones con un KPI simple: número de notas publicadas. Más apariciones = mejor desempeño.
El problema es que hoy ese indicador ya no explica impacto, ni reputación, ni valor estratégico.
En un ecosistema informativo saturado, fragmentado y altamente interpretativo, contar notas sin leer contexto es una mala métrica. Una mención puede sumar, restar o no mover la aguja. Puede fortalecer un posicionamiento o abrir un flanco reputacional. Pero el KPI la cuenta igual.
El efecto es perverso: equipos y agencias empujados a “salir más” para cumplir metas internas, aunque eso implique sobreexposición, mensajes desalineados y pérdida de foco. Cuando se mide mal, se gestiona mal. Y cuando se gestiona mal, se comunica peor.
Aquí aparece un rol clave —y muchas veces incómodo— para las agencias de comunicaciones: ayudar a las organizaciones a entender que esta lógica ya no va. No basta con cumplir KPI heredados si esos KPI empujan a decisiones equivocadas. Hoy, una agencia que solo reporta clips está renunciando a su rol estratégico.
Comunicar hoy no es acumular impactos. Es construir relato, proteger reputación, anticipar riesgos y ocupar espacios relevantes con coherencia. Nada de eso se refleja en un simple conteo de notas.
¿Qué debiéramos medir entonces?
Menos volumen y más calidad.
Menos presencia y más coherencia.
Menos cantidad y más alineación estratégica.
Indicadores como:
• consistencia del mensaje en el tiempo
• calidad del contexto y del medio
• posicionamiento de vocerías
• capacidad de instalar temas
• control de riesgos y reputación
Son más exigentes, sí. Pero son los únicos que reflejan el valor real del trabajo comunicacional hoy.
El desafío ya no es “salir más”.
El desafío es salir mejor.
Y para eso, medir bien dejó de ser una opción. Es una condición básica un rol clave que jugar.
